Venezuela libre: sobre tiranos, soberanía y derechos

Jorge Jacobs / Empresario y periodista / Cees@cees.org.gt

Publicado: Prensa Libre/ Guatemala 9 de enero del 2025

¿Caída de un tirano o violación del derecho internacional? Jorge Jacobs explica cómo la captura de Maduro es un paso necesario y correcto, pero insuficiente, para eliminar la tiranía bolivariana.

La imagen de Nicolás Maduro, esposado y bajo custodia de agentes federales en Nueva York, luego de la operación militar estadounidense del 3 de enero, marca el principio del fin de una pesadilla que se extendió demasiado. La operación Resolución Absoluta no fue una invasión a una nación libre, sino la desarticulación de una banda criminal que secuestró un Estado para traficar cocaína y aterrorizar a su población. Millones de venezolanos —y algunos que nos consideramos sus amigos— celebramos con lágrimas de júbilo el aparente final de 27 años de tiranía bolivariana.

No tardaron en oírse las voces que claman por la “soberanía nacional”, ignorando que la única soberanía legítima reside en el individuo. Aquí cito un par de párrafos de Ayn Rand en su ensayo ”Derechos” colectivizados: “En la cuestión de los derechos, al igual que en todas las cuestiones morales, no puede haber un doble criterio. Una nación regida por la fuerza bruta no es una nación, sino una horda, sea que esté dirigida por Atila, Gengis Kan, Hitler, Khrushev o Castro. ¿Qué derechos podría reclamar Atila, y sobre qué base?”.

“…Las naciones dictatoriales viven fuera de la ley. Todo pueblo libre tuvo y tiene el derecho de invadir a la Alemania nazi o a la Rusia soviética, a Cuba o a cualquier otra prisión política. El hecho de que una nación libre elija hacerlo o no, depende de su propio interés, y no de respeto alguno por los derechos inexistentes de los delincuentes que detenten el poder. No es el deber de una nación libre liberar a otras naciones al precio del autosacrificio, pero una nación libre tiene el derecho de hacerlo si (y cuando) lo decide”.

Pero no solo Rand lo afirmaba. El filósofo jesuita Juan de Mariana también lo estableció desde 1599 en su doctrina del tiranicidio: “Cuando un gobernante deja de servir al bien común y se convierte en opresor, el pueblo —o quienes lo auxilien— tiene derecho a destituirlo”.

Estoy completamente de acuerdo con Rand y con De Mariana. El régimen de Maduro perdió su legitimidad mucho antes de ser capturado: la perdió cuando torturó a opositores en el Helicoide, cuando asesinó a manifestantes, cuando forzó al exilio a ocho millones de venezolanos y, sobre todo, cuando robó descaradamente varias elecciones. Aunque, más significativamente, las de 2024, en las que la oposición, con admirable coraje, le demostró al mundo el fraude del régimen, al grado que ya casi nadie lo reconoció como gobernante legítimo.

El principal objetivo de la administración de Trump, aparentemente, era la neutralización de una amenaza de seguridad hemisférica. La acusación federal describe cómo Venezuela se convirtió en un narco-Estado que traficaba cientos de toneladas de cocaína anualmente, utilizando a Guatemala como punto de transbordo —antes, dicen ahora—. Defender a Maduro bajo la bandera de la no intervención es defender a un socio del crimen organizado transnacional.

En este contexto, la diplomacia chapina protagonizó un espectáculo de inconsistencia lamentable. El presidente, Bernardo Arévalo, en una primera reacción que dejó entrever sus simpatías ideológicas, condenó la acción y pidió “respeto a la Carta de la ONU”, alineándose tácitamente con el tirano caído. Sin embargo, bastó una llamada para que, en menos de 24 horas, el gobierno cambiara radicalmente su postura, rechazara al régimen y apoyara la transición democrática como, hay que reconocerle, lo había hecho antes.

La captura de Maduro es un paso necesario y correcto, pero insuficiente. Los venezolanos tienen ahora una oportunidad histórica, pero el camino hacia la libertad implica desmontar el sistema de incentivos perversos que el socialismo del siglo XXI instauró por décadas, devolviendo el poder a los ciudadanos y restaurando la república que Chávez destruyó. ¡Viva Venezuela libre!